abril 08, 2018

75 años de EL PRINCIPITO



75 años de "El Principito", el segundo libro más traducido de la historia después de la Biblia, una oportunidad para ver con los ojos del corazón.

El 6 de abril de 1943 la primera edición de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, vio la luz. Han pasado 75 años y se ha traducido a más de 300 lenguas y dialectos, lo que lo ha convertido en el segundo libro más traducido de la historia, leído por lectores de todas las generaciones. El Principito fue publicado en plena Segunda Guerra Mundial, cuando en Europa millones de niños se estaban quedando huérfanos. El protagonista es un niño desamparado que quiere comprender el mundo y esforzarse por cuidar lo más frágil, vulnerable y bello: las flores, que tenemos que entender en clave metafórica, claro está.

«Niños y mayores pueden experimentar un proceso de identificación con el personaje del niño perdido», explica la profesora de literatura de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Teresa Iribarren. «El escenario de la obra es el desierto, donde se encuentran fortuitamente dos personajes, el Principito y el piloto de avión como el autor mismo-, que ha tenido que hacer un aterrizaje forzoso. El diálogo que establecen en este espacio de la nada logra una gran altura filosófica», añade.

Para la profesora colaboradora de la UOC y psicóloga infantojuvenil y familiar del Centro GRAT, Amalia Gordóvil, entre las principales lecciones que se pueden extraer de la lectura de este libro, se encuentran la incitación a la fantasía, a pararse y buscar más allá de lo que vemos a simple vista, y lo hace presentando el dibujo del aparente sombrero que es en realidad una boa digiriendo un elefante. Remarca, además, la importancia de la responsabilidad, el valor de lo que tenemos cerca y los vínculos especiales que mantenemos con las personas próximas, a quienes aceptamos con sus virtudes y sus defectos; lo hace a través de su historia con la única flor de su planeta.

Gordóvil también destaca el valor de la esperanza y el esfuerzo en el camino que el Principito hace junto con el piloto en busca de un pozo, remarcando que lo que hace especial aquella agua es fruto del esfuerzo al sacarla del pozo. Y a su vez reivindica la importancia de las pequeñas cosas, el saber disfrutar del lugar y el momento en el cual se encuentran las personas.

La psicóloga está convencida de que es una historia para todas las edades: «Transmite un mensaje para toda la vida, aunque lo perdamos de vista. Probablemente un niño disfrutará más de los dibujos y de las fábulas en el sentido más literal, pero también captará el mensaje sobre la importancia de ver las cosas con el corazón. El objetivo es buscar al Principito que todos llevamos dentro».

Lo importante para que estas lecciones tengan efecto es que el modelo del adulto vaya siempre en coherencia con aquello que se quiere transmitir. «Es decir, si quiero que mi hijo valore lo que tiene y disfrute del momento que vive, no será coherente que yo cene pendiente del móvil», añade la experta.

Una obra sobre la esencia de la vida.
«Es cuando vuelves a leerlo de mayor cuando eres capaz de entender el alcance filosófico y poético y el enorme potencial imaginativo», explica Iribarren, también directora del máster de Edición Digital. El Principito —como otras obras de Exupéry— es una invitación a interrogarnos constantemente sobre las cosas más esenciales de la vida». La grandeza de la obra literaria del escritor francés está «en el humanismo que la vertebra de arriba abajo, y en la capacidad para hermanar sencillez, poesía y profundidad filosófica».

A diferencia de otro clásico de principio del siglo XX, Peter Pan, de J.M. Barrie, en el que el niño no quiere crecer y se evade, para Iribarren en El Principito el mensaje es bien diferente: todos los niños se hacen mayores, y esto quiere decir que tendrán que asumir responsabilidades y superar pérdidas. «Han de emprender su propio viaje vital y hacer frente a los peligros y a las incertidumbres sin tener a los padres al lado. La vida, como el lenguaje metafórico de El Principito, no es nada fácil», apunta.

La profesora de la UOC explica que se ha hecho universal porque hace bandera de la ética del cuidado y de la importancia de crear vínculos y cultivar la empatía. Estos valores adquieren más magnitud al contraponerlos a la violencia del poder, a la vanidad y a la prepotencia, sin caer en el didactismo fácil. Por otro lado, el libro tiene la virtud de apelar a cuatro elementos básicos para atrapar al lector: la inteligencia, el sentido poético, las emociones y la imaginación».

Para Gordóvil, este libro mágico es un canto a la esperanza, a la fantasía, al esfuerzo, al compromiso, al amor, a la sencillez; en definitiva, a la esencia más pura de la vida. «Recuerda la gran diferencia entre el mundo de los niños y el de los adultos, el primero regido por la fantasía y el segundo basado en la lógica. Nos recuerda la necesidad de entrar en el mundo de los más pequeños escuchándolos y disfrutando con ellos». «Es especial porque nos traslada a nuestra parte más tierna y lo hace sin florituras. A partir de cosas tan sencillas como un cordero, un arbusto, una puesta de sol, una flor, una estrella o un zorro transmite un mensaje muy claro: lo esencial es invisible a los ojos», concluye.

Adaptado de http://www.abc.es/familia/educacion/

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